Un faro en el desierto
(una mirada biocéntrica con ojos miopes) Blog personal de Francisco Javier Pérez de Arévalo

LA DAMA DE HIERRO Y LA MUJER AHERROJADA

Una vez visto el film “La Dama de hierro”, uno entiende perfectamente los galardones y parabienes que la increíble actriz Meryl Streep  ha recibido, por esta interpretación verdaderamente magistral del polémico personaje que fue la Primera Ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher. Pero sin embargo, lo que particularmente no puedo entender, es por qué Phyllida Lloyd  no es felicitada como se merece por este más que digno trabajo de dirección. Se le critica no haber profundizado en la biografía del personaje protagonista, y de haber sido ambigua en el análisis socio-político que recibe a lo largo del film. Y precisamente, en mi opinión, un gran valor de este trabajo cinematográfico reside en la habilidad de haber sabido tratar de manera lateral aquello por lo que fue famosa la Thatcher, consiguiendo una verdadera asepsia política en la película,  y centrándose en aspectos inesperados cuando te dispones a ver la biografía de un personaje político como éste. La biografía desde la enfermedad, como lo es una demencia senil avanzada, y desde la relación mantenida con su pareja ya muerta, creo que es todo un acierto y de una originalidad que no ha sido valorada por los críticos de mente lineal, para los cuales este film no ha merecido la pena sino por la interpretación de la genial Streep.

He podido tener la experiencia de ver por mí mismo, cómo una persona que en su día detentó cierto poder, al caer en manos de la senilidad y la pérdida progresiva de razón, sufría episodios regresivos donde revivía aquellos momentos de belicismo idealista e idealizado, en los que detentó el mando sobre otras personas.

Creo que Phyllida Lloyd ha sabido acercarse al personaje de Margaret Thatcher con una sensibilidad y humanismo merecedor de un adecuado reconocimiento, ya que al final lo que consigue es traer a un personaje político al mundo esencial de todo ser humano, amor y muerte, ¿y no es eso algo tremendamente Shakesperiano?

Por último, me gustaría añadir que la historia de la filmografía está repleta de obras donde aparecen intérpretes de primerísima fila pero donde el resultado final resulta de una gran mediocridad. Y es que cuando una gran actriz o actor dan lo mejor de sí mismos, generalmente es porque detrás ha estado un buen director que les ha sabido exprimir toda esa sabiduría interpretativa.

Por eso mismo opino que Phyllida Lloyd ha sido aherrojada a la cárcel del desprecio en un mundo, el de la dirección cinematográfica, que todavía está dominado por un pensamiento masculinizado, en la práctica y en la crítica.

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