Un faro en el desierto
(una mirada biocéntrica con ojos miopes) Blog personal de Francisco Javier Pérez de Arévalo

Poesía Hueca

dsc01887 

 

POESÍA HUECA

 

 Foto: Kole Seoane

 

 

 

 

Vacío como un todo.

Por fuera y por dentro.                                     

La  vaciedad externa no se ve,

se oye.

La  vaciedad interna no se oye,

se ve.

Vacío cuando escucho,

y cuando hablo.

Vacío cuando miro,

y cuando me miran.

No siento el vacío,

pero me siento vacío.

Vacío como un todo.

Por fuera y por dentro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un teléfono me mira colgado,

sin sonar,

en silencio.

Un  teléfono agoniza  asfixiado,

sin vomitar,

pero muriendo.

Un teléfono me muestra  sus teclas,

para que las  toque,

y las apriete,

y sentir  el tacto de unos dedos calientes,

antes de callar para siempre.

Un teléfono ya envejecido,

con su cordón retorcido,

cansado de tanto escuchar  palabras hueras,

y frases podridas.

Un  teléfono harto de oír,

el sonido del vacío.

 

 

 

 

 

 

 

Lunes, martes, jueves, hoy, sábado, mañana, antes, marzo, quizás, entonces, domingo, anteayer, noviembre, todavía, pasado mañana, al mediodía, miércoles, septiembre, tarde, café, podría, sueño, cansado, lunes, martes, jueves, hoy, a  lo mejor, cansado, café, noche, pronto, todavía, café, sueño, domingo, al parecer, cansado, temprano, quizás, no, martes, no, jueves, no, demasiado, no, lunes, martes, jueves, hoy, quince años, sueño, solo, enero, quizás, temprano, café, siquiera, puede, ahora, mañana, no, aunque, sólo, cansado, al menos, febrero, lunes, martes, jueves, hoy, siempre, sábado, solo, noche, café, nunca, mañana, frío, lunes, puede, siquiera, cuándo, jueves, abril, cansado, almuerzo, ¿de veras?, domingo, pero, antes, quince años, cuándo, lunes, martes, jueves, hoy, cansado, quizás, café, quizás, al menos, sábado, ¿y?, no sé, martes, no, café, temprano, mañana, demasiado, ahora, miércoles, ¿julio?, después, quizás, lunes, lunes, lunes, podría, café, siquiera, sueño, tarde, ahora, pero, jueves, martes, lunes, siempre, café, café, al menos, diciembre, ¿café?, nunca, domingo, cansado, fiesta, ¿y?, quince años, sueño, ayer, domingo, entonces, puede, al menos, quizás, cuándo, pero, mañana, mañana, mañana, mañana, ¿y?, mayo, a lo mejor, domingo, solo, sólo, café, pasado mañana, tarde, descanso, cansado, lunes, martes, jueves, hoy, nunca, siquiera, siempre, ¿y?, ¿agosto?, ¿ahora?, ¿mañana?, ¿podría?, café, lunes, martes, jueves, hoy, nunca, siempre, siquiera, solo, no, sólo, no, depende, sábado, depende, domingo, depende, lunes, martes, jueves, hoy, quince años, nunca, cansado, café, al menos, menos, podría, noche, frío, pero, cuándo, desde, ¿y?, junio, miércoles, cansado, domingo, todavía, nada, quince años, no, ¿y?, siquiera, ¿no?, para, lunes, martes, jueves, hoy, sábado, mañana, marzo, antes, cansado, domingo, fiesta, ¿y?, ¿lunes?, ¿martes?, ¿jueves?, ¿hoy?, siempre, ¿y?, café, ¿y?, octubre, viernes, ¿y?

 

 

Nada me altera

Nada me  penetra

Nada me seduce

Nada me reduce

Nada me  subyuga

Nada me arruga

Nada me estimula

Nadie me emula

Nada me entristece

Nada me enloquece

Nada me complica 

Nada me salpica

Nada me tienta

Nada me alimenta

Nada me consigue

Nada me persigue

Nada me  retiene

Nada me entretiene

Nada por aquí

Nada por allá

Nada sobre mi mesa

Ninguna triste pena

Ni siquiera  una  condena

Nada por hacer

Nada  que hacer

Nada sin hacer

Nada terminado

Nada inacabado

Nada por empezar

Nada que aclarar

Nada atrayente

Nada repelente

Nada me duele

Nadie me teme

Nada me impide

que nada me intimide

Por nada de nada nades,

sólo déjate flotar

Caminante no hay camino,

ni nada por lo que andar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Oigo palabras que rebotan en el suelo convertidas en frases

con las que jugar al tenis.

Veo figuras que me espetan personas, como piedras de hondero,

a las que esquivo y veo estrellarse contra las estériles paredes que  me rodean.

Trago lágrimas  abortadas por la vergüenza que siente el llanto remachado.

Palpo la angustia que rezuma por el suelo y

huelo la  envidia que esculla por los armarios.

Escucho el estruendoso ruido de una  cascada de vidas precipitándose por el vacío de las mesas donde son ordenadas, día a día, a cambio de dinero con el que sobrevivir.

Veo agujeros vestidos y perfumados para simular pseudoplenitudes con las que intentar formar una vela, y así navegar al empuje del viento que más sople.

Siento la ranciedad de unos pensamientos en su día conservados y ya caducados.

Retengo en mis puños la arena de esta playa que ha ido formando un mar  muerto no pos su exceso de sal, sino por la ausencia de toda dulzura.

Aspiro los gérmenes con los        que las viejas tumbas perfuman  a sus momias.

Siento los acordes mustiamente consonantes que interpretan los  picaportes de las puertas, cuando los giran las pálidas manos de músicos desangrados.

Contemplo un despliegue  de espiritrompas succionando el fétido néctar que gotea por las impresoras, y no veo alas, y no veo mariposas.

Digiero horas y minutos como el borracho litros de alcohol: intentando mitigar el dolor de un re-sentimiento.

Aprieto el aire hasta sacar de él la última gota de esperanza  que le queda.

Sudo muñones huecos, donde esconder mis más secretas fragancias, para luego ofrecérselas al único Consuelo que en la vida me queda. 

 

Estoy tecleando unas cifras,

que  no quiero que salgan aquí

Relleno tablas con las que engordar unos  índices,

y no quiero que aquí aparezcan.

No quiero indexarme las ideas,

prefiero dejarlas  fluir sin orden.

No quiero peinarme  los sueños,

me  gusta que ondeen hirsutos y encrespados.

No quiero numerar mis penas,

sólo deseo que se avengan a las circunstancias.

Tampoco busco almacenar  conceptos,

me vacío de ellos siempre que puedo.

Sólo el dolor me impide olvidar,

por eso no quiero que salgan aquí

las cifras que estoy tecleando.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como un clon de mí mismo.

Como un yo disecado.

Como un maniquí semoviente.

Como una lechuza con gafas.

Como un herbicida en la hierba.

Como una lenta estalactita.

Como un chorizo embutido.

Como un aullido soltado.

Como una risa aguantada.

Como un gusano escondido.

Como  una larva engordada.

Como un cielo nublado.

Como un chicle pegado.

Como una alfombra pisada.

Como una maja vestida.

Como una luz apagada.

Como una lágrima cayendo.

Como un payaso enlutado.

Como una flor  del revés.

Como un dolor olvidado.

Como un montón de  disculpas.

Como un insulto espetado.

Como un jaula abierta.

Como un león enjaulado.

Como un Cristo traicionado.

Como un Buda detergente.

Como un salto al vacío.

Como un yo atascado.

Como un tu asesinado.

Como todo esto estoy aquí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tan vacío estoy, que no puedo ni pensar.

Mi mirada es  perruna,

ni siquiera canina.

No hablo.

Los sonidos atraviesan mi oquedad limpiamente,

sin pegarse a ninguna de mis paredes.

Un hueco es lo que  soy,

para darme cobijo a mí mismo,

porque  el vacío protege.

Al salir de mí y dejar allí un cuerpo vacío,

consigo algo que no es felicidad,

pero que tampoco es infelicidad.

Sobrevivir en el vacío,

eso es lo que consigo.

Algunos ahuecan  el ala,

pero yo prefiero ahuecar  el alma.

Y rellenarme  cuando me plazca.

Fecundarme con mi propia esencia.

Como hacemos  siempre con el otro:

vaciarlo y rellenarlo,  

vaciarlo y rellenarlo.

 

 

 

 

Una grapadora observa  mi vida.

Me cuenta los días.

Me  mide la calva.

No me sonríe.

Tampoco me llora.

Una grapadora de lo más corriente.

¿Una grapadora inteligente?

Escucha  mi silencio,

sin menospreciarlo.

Sólo mira.

Sólo cuenta.

Mi vida.

Mis  días.

Mis horas.

Pero tiene  un vicio:

me mide la calva.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tengo un escrito entre mis manos.

Con  ocho párrafos y una palabra.

Como ocho años y un día.

Con su firma.

Con su registro de  salida.

Y su registro de entrada.

Para que nada se pierda por el camino.

Ni una letra.

Ni un día.

También tiene una fecha.

El 23 de junio reza.

Para que sepamos su cumpleaños.

Para que mame del calendario.

Y yo le asigno un número más.

El 34.

Ya sabemos dónde va.

El escrito está tranquilo.

Con toda su vida ordenada.

Con sus ocho párrafos y su palabra suelta.

Como esa palabra que todos tenemos en nuestras vidas.

Girando a nuestro alrededor.

Satélite de nuestra  órbita.

Palabra  que se llama muerte.

 

La  mesa intenta tragarme para sus adentros; para convertirme en un trozo más de conglomerado; para  evitar que la podredumbre del tiempo la desvencije con velocidad; para engordar su panza plana; para abrillantar su superficie con la grasa de mis tripas prensadas; para dejar que otro se  sienta en mi lugar y se convierta en futura presa; para darle sentido a su existencia de mesa oficinera; para ser más mesa  que las demás; para darle envidia al ordenador; para reírse de la pobre subnormal grapadora; para mantener fresca su vagina y permitir que la silla la penetre con lasciva insistencia; para burlarse de un techo tetrapléjico que exhibe sin pudor sus prótesis luminosas; para dar de comer  al ratón que toda mesa moderna se precia  de tener, royendo los minutos que le pasan por delante de sus bigotes afeitados… pero yo no me dejo… cuento borregos para que no me pueda  tragar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Poema 13.

Poesía hueca.

De pequeño continente.

De nulo contenido.

Simples versos óseos.

Exoesqueleto gráfico.

Caracol desahuciado.

Un día 13 nací.

De un hueco.

A un hueco.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Debería abrir esa  carpeta desafiante, para indexar un escrito.

Pero prefiero contar  borregos.

Borregos  desordenados,

sin sucesión  correlativa.

Borrego 6, borrego 800, borrego 48…

La carpeta me  mira con desprecio.

¡Ya se podrá esperar!

Porque yo sigo contando

mis desordenados borregos.

Borrego 3.475, borrego 1.674.351, borrego 2…

La carpeta me insulta en  silencio.

Me exige que indexe.

Me  amenaza con llamar al director.

Intenta abrirse por sí misma,

y se aguanta las lágrimas de rabia

que manan de toda frustración.

Pero yo no me río de ella,

sólo cuento borregos.

Borrego 12, borrego infinito, borrego 10…

 

 

 

 

 

 

Calla el tiempo mientras me desahucio el cráneo.

Calla  la lluvia que no quiere ni salir del cielo.

Calla la verdad que todo animal esconde.

Callan los gritos que la tortura me imprime.

Calla la vida por  vergüenza a desentonar.

Calla el recuerdo de montes y veredas.

Calla la luna y el perro que la mira.

Callan mis zapatos porque no quieren despertarme.

Callan mis ojos.

Callan mis manos.

Sólo el vacío habla.

Y a sí mismo se escucha.

Porque todo a su alrededor calla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Borro cifras.

Borro penas.

Borro ideas.

Borro sueños, pero los vuelvo a dibujar.

Borro ilusiones.

Borro angustias, pero su tinta no sale bien.

Borro amigos.

Borro caras.

Borro días.

Borro odios, pero se ve su marca.

Borro esperanzas.

Borro la misma vida.

Me borro un brazo.

Borro la mañana.

Borro la semana.

Me borro una pierna.

Borro conversaciones.

Al borrar  promesas queda todo ensuciado.

Borro perdones que no he escuchado.

Me borro el sexo.

Borro un lomo embutido.

Borro mi envidia.

Borro el desprecio, pero salen otros.

Pero la estupidez,

esa no la puedo borrar,

ni la mía,

ni la de los demás.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mi vida es falsa,

pero no sé con qué suicidarme.

¿Grapándome  un ojo?

Sólo me quedaré tuerto.

¿Y si me trago un bolígrafo?,

¿o un rotulador?

Ni siquiera su tinta me  envenenará,

y su carcasa seguro que luego la excreto.

¿Y el teléfono?

Su cordón no me sirve de soga para ningún patíbulo,

por no hablar de la inutilidad de su auricular.

Los armarios están empotrados.

La fotocopiadora no tiene filo alguno.

La pantalla del ordenador es demasiado pacífica.

Y su ratón escurridizo.

El calendario escupe los días,

pero rebotan en mi cuerpo.

La silla ni  siquiera me empala con algún hierro asesino.

Sólo la falsedad me hiere,

pero no me mata.

Y tampoco quiero morir.

Así que todo es falso.

 

 

 

 

No está oscuro.

Tampoco hay luz.

No hace frío.

El calor no me afecta.

El papel protege térmicamente.

Los legajos son  la fuente de iluminación.

Se come papel.

Se  orina papel.

Se duerme papel.

Y se grita papel.

Porque se llora  papel.

Y se aflige papel.

Mama el papel

de la teta de papel.

Crece el papel.

Pide el papel.

Y el papel se busca.

Y el papel se atrae.

Y el papel se encuentra.

Y  se abraza..

Y se aprieta.

Y se funde

para dar papel,

al papel.

No, no está oscuro.

Ni tampoco hay luz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Concurso Público de Explotación.

Concurso de Explotación Pública.

Explotación Pública del Concurso.

Pública Explosión del Concurso.

El  Concurso Explota Públicamente.

La Explosión del Concurso se Publica.

Concursa y Explota el Público.

Públicamente  se Concursa  y se Explota.

Exploto la Publicación de un Concurso.

Concurso para Explotar al Público.

Explota el Público del Concurso.

Concursa el Público de la Explotación.

Concursado, Publicado y Explotado.

Concurso sin Público.

Exploto sin  Público.

Publico sin concurso.

Publico lo que Exploto.

Exploto lo que Publico.

Explota lo que Publico.

Me Explota el Público del Concurso.

Concurso para Explotar.

Concurso para Publicar.

Concurso por Concursar.

Sí.

Concurso Público de Explotación.

Mientras miro

Mientras escribo

Mientras  numero

Mientras tecleo

Mientras indexo

Mientras orino

Mientras oigo

Mientras ficho

Mientras espero

Mientras grapo

Mientras registro

Mientras orino

Mientras archivo

Mientras me siento

Mientras  me resiento

Mientras asiento

Mientras consiento

Mientras orino

Mientras cliqueo

Mientras guardo

Mientras borro

Mientras envío

Mientras descuelgo

Mientras orino

Mientras leo

Mientras enciendo

Mientras conecto

Mientras tiro

Mientras  cierro

Mientras saco

Mientras abro

Mientras tanto no me veo

Estoy lejos

Muy lejos de aquí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rodeado de fuerza centrípeta

Para llevarme al medio

Al ombligo del vacío

Al vórtice de la nada.

 

Rodeado de gravedad

Para aplastarme contra el suelo

Quebrarme las piernas

Clavarme al camino.

 

Rodeado de incertidumbre

Para ofuscar mis ideas

Y partirme los sueños

Y cortarme las alas.

 

Rodeado de relatividad

Que todo lo difumina

Que  me ensucia las gafas

Que me cansa la vista.

 

Rodeado de autopsias

mostrando la verdad

Oliendo a formol

Besando a la muerte.

 

Rodeado de órbitas

Entorno a unos focos

Que no son los míos

Ni nunca lo han sido.

 

Rodeado de fósiles

Algunos con ojos

Otros con manos

Pero con la piedra escondida.

 

Rodeado de datos

Que se acumulan

Que se guardan

Que se pudren.

 

Rodeado de huecos

Que se cruzan

Que pululan

Que se hablan.

 

Tan rodeado

Y yo tan vacío.

 

 

De nada sirve que implore  a la vida, total no me oirá. De nada sirve que  grape y grape, porque seguirá sin oírme. De nada sirve que llore encima  de estos papeles, porque las lágrimas se  secarán. De nada sirve que  me abra en canal, porque al final solo seré un número más. De nada sirve que nade contra corriente, porque el río siempre descenderá. De nada sirve  que me mese  los  cabellos, porque ellos solos se caerán. De nada sirve  que me angustie por las penas, porque  poco a poco pasarán. De nada sirve  que salte de alegría, porque al final dejaré de saltar. De nada sirve  que diga de nada sirve, total la vida no me  oirá. Además yo no sé lo que es servir para algo. Algunos  no sirven ni para vivir, que se ofuscan por todo. Pero para morir todos valemos. Se puede malvivir, pero malmorir es imposible, porque hasta el mismo momento en que te mueres, todavía estas vivo, o al menos eso nos creemos. La verdad es  que de nada sirve que  implore a la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vacío.

¿Qué más puedo decir?,

¿y sentir?,

¿y maldecir?,

¿y gemir?,

para huir

y seguir sintiendo el vacío.

 

Vacío..

¿En qué otro estado puedo estar?,

para oír,

para ver,

para amar,

para vivir,

o para servir.

 

Vacío.

¿Qué otra  cosa puedo dar?

Nada más hay.

Ninguna otra cosa tengo.

Lleno de vacío.

Generoso con el hueco.

Que a todos ofrezco.

 

 

Vacío.

¿Alguien quiere un poco?,

¿para rellenarse  el alma?,

¿para adornarse  el cuerpo?,

¿para acostarse con él,

y generar más  vacío

al que cuidar y hacer crecer?

 

 

Vacío del todo.

Vacío con todo.

Vacío por todos.

Vacío para todos.

Vacío de todos..

Vacío contra todos.

Vacío ante todo.

 

 

Vacío.

¿Qué más puedo decir?

 

 

 

 

La ausencia humana, no produce un vacío. Antes al contrario, la plenitud deviene real. Será misantropía, puede ser. Pero no hay nada más vampiro que un ser humano. Chupamos todo lo que  nos rodea. Para calmar  nuestra insaciable sed. Sed  de hambre y de dinero, de conocimientos  y de placer, de poder y de venganza, y sobre  todo nuestra gran  sed: la apariencia  de superioridad. Para calmar esta sed, hemos vaciado el mundo y ahora no sabemos dónde clavar los colmillos. Quizás en nosotros mismos.  Sí, es fácil: basta mordernos nuestras propias muñecas y chupar, chupar, chupar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mañana no sé dónde está.

Ayer lo he perdido en un despiste.

Hoy llega tarde a su cita,

y me  volverá a dar plantón.

Mientras tanto me miro los pies,

y veo pasar el tiempo entre  los dedos gordo y anular.

Sí, el tiempo me camina,

me empuja  a la fuerza,

en contra de mi voluntad me arrastra.

Pero yo sigo quieto,

estilita sobre un lápiz

que quiere dibujar mi tumba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cables

Botones

Teclas

Calendarios con hojas

Vasos para lápices

Cajas para clips

Una botella pequeña de agua

Bolígrafos azules

Un bolígrafo negro

Una goma de borrar rota en varios pedazos

Una  taladradora de folios

Una  bandeja metálica para depositar escritos

La mesa

La silla

El techo

El suelo

Los armarios grises que imitan paredes

La pantalla del ordenador

El teclado del ordenador

El cuerpo del ordenador

El ratón del ordenador

Y yo… ¿qué soy?

 

 

 

Me hace gracia la imagen de una  cucaracha agonizando.

Pero no me río de ella,

sino de mí.

Porque una diferencia entre su agonía y la mía,

es que la suya dura unas  horas,

y la mía casi cincuenta años.

Pero la gran  diferencia entre  su agonía y la mía,

es que ella estuvo antes viva.

Por eso me río de mí.

¡Que risa tan patética!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Toda cueva tiene unos límites

Por muy vacía que esté

Si no, no sería cueva

Sino un hombre.

 

Toda cosa tiene  un origen

Incluido el mismo Dios

Si no, no sería una cosa

Sino el ser humano, que a Dios inventó.

 

Existe el primer cristiano

Y el primer budista

Y el primer  mahometano

Pero el primer hombre nunca existió.

 

El hombre no tiene un principio

Metió el tiempo en un cajón

Para poderse encontrar

Y al volverlo a abrir estaba vacío

Ni tiempo ni hombre

Sólo un cajón para cerrar

 

 

 

 

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2 comentarios to “Poesía Hueca”

  1. Amigo. Muy bonito. Precioso. Pero, claro está, no me extraña que tardes tanto en comunicarte. Esto ha tenido que llevarte bastante tiempo. Dirás que lo tienes de sobra. Afortunado tú. Un saludo

  2. Desgarrador, deprimente. No lo he leído entero porque ando escasa de tiempo. He llegado hasta aquí: “Sudo muñones huecos, donde esconder mis más secretas fragancias, para luego ofrecérselas al único Consuelo que en la vida me queda”; y en el Consuelo ¡te pillé!. En otro momento seguiré leyendo.
    Cuando he leído los versos del teléfono, he recordado la impresión que me produce la voz de algunos: el sonido fluye como un líquido que, brotando de un manantial, limpia el aire de silencios; ya sé, ya sé, suena muy “normal” así dicho; pero voy a la figura que me ofrece la imagen: el sonido “que no se puede tocar”, surgiendo concentrado desde un lugar, para revolcarse en el aire, ¿comprendes?; es como si mis sentidos lo dotasen de materia maginativa, para quedar asociado a una figura conocida (el sonido de un manantial común). En fin, yo me entiendo.
    Un beso desde el faro estelar (que no es púlsar, sino nave).
    PD: ¿Acaso no sabías que soy una treki empedernida?


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