Un faro en el desierto
(una mirada biocéntrica con ojos miopes) Blog personal de Francisco Javier Pérez de Arévalo

Microcuento 8

El policía que vigilaba mi jaula ha dejado de montar guardia perpetua.

Ahora sólo aparece muy de vez en cuando para controlar que sigo siendo una pulga insignificante.

Lo curioso es que cuando el policía quiere imponerme la insignificancia, entonces yo me la saco de dentro y se la arrojo a la gorra.

Y una insignificancia bien arrojada puede tener sus efectos.

Lo bueno de la insignificancia que uno busca voluntariamente para aplicársela como lentes correctoras de la realidad desnatada, es que nunca deja de ser proteica, camaleónica, y puedes adaptarla a tu entorno y mimetizarte, o antimimetizarte, a tu conveniencia.

Cuando aparece, ahora esporádicamente, el policía, resulta que las lentes correctoras de la realidad desnatada me antimimetizan, para convertirme en un antipolicía o en un antiloquesea.

Así que como ya no puedo disfrazar a mi guardián trepapiedras, he optado por antimimetizarme, o lo que es lo mismo antidisfrazarme.

El disfraz habitual sirve para que no te reconozcan los demás.

El antidisfraz, o también conocido como disfraz interno, cumple la misión de no reconocerte a ti mismo.

Curiosamente, cuando hoy ha aparecido el guardián trepapiedras, resulta que me he visto como toda una Pulga Queen, La Reina de las Pulgas, con mis plumas inmensas adornando mi cabecita.

Con mi tanga marcando paquetito (postizo, por supuesto)

Y con mis enormes patas moviéndose al son de una espléndida samba, juguetona y desprendida.

Este policía, aficionado al alpinismo de cantos rodados, se ha marchado contento y ufano después de escalar a un par de piedrecitas que traía preparadas en sus bolsillos, y que una vez arrojadas al suelo en mi presencia, le han servido para encaramarse a la cima de su vida.

Mis lentes correctoras de la realidad desnatada me visten de mirlo.

Y me pongo a cantar.

Sí, la primavera se huele.

Y toda jaula termina abriéndose, aunque sea por el efecto cansino del óxido y la herrumbre.

Gracias insignificancia.

Gracias policía trepapiedras.

Anuncios

Ninguna respuesta to “Microcuento 8”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: