Un faro en el desierto
(una mirada biocéntrica con ojos miopes) Blog personal de Francisco Javier Pérez de Arévalo

Microcuento 7

Hoy al despertarme en la jaula me he encontrado con un policía vigilándome.

Qué curioso, ¡un policía para controlar a una pulga insignificante!

No acabo de salir de mi asombro.

El policía no sabe nada de insignificancias y quiere controlar lo incontrolable.

Porque sigo imaginando.

Porque sigo volando.

Porque sigo eyaculando, nadando y reptando.

Y yo me pregunto para qué sirve el policía.

Creo que quiere que no hable, que no lea, que no pasee, que no ría, que no llore, que no olfatee, que no me rasque la cabeza, ni las ingles, y por supuesto que no salte como cualquier pulga que se precie.

Pero … de pensar, nada me ha prohibido.

Al ser tan insignificante, estoy acostumbrada a la nada, y nada me puede desacostumbrar. Y en la nada se piensa mucho, aunque no pienses en nada.

Pero la verdad es que me ha venido que ni pintado este policía, porque quiere prohibir tanto que resulta gracioso ver como se ha prohibido incluso a sí mismo.

Pero creo que le voy a ayudar.

No soy una pulga rencorosa.

Cada día le voy a disfrazar con mi imaginación in-prohibida.

Hoy resulta que es uno de esos nativos que se adaptan una funda enorme en el pene, y se ponen a dar saltos como locos… venga el inmenso pene para arriba, venga el inmenso pene para abajo.

Mi voz externa no se ríe.

Mi voz interna se monda de la risa.

En esto que la funda del pene sale disparada hacia el techo y ¡oh sorpresa!

¡Debajo de la funda pénica aparece la porra!

Pero no una porra semental o semencual, sino la eyaculadora de golpes, la que disuelve conflictos como el café disuelve al azucar, queriendo dañar pero en el fondo edulcorando la vida del rebelde, que le entra la risa cuando le quieren prohibir.

Hoy es un buen día.

El policía me ha recordado quién soy.

Hoy la jaula cobra sentido, el sentido de albergar una pulga viva.

Aunque sea insignificante.

Aunque no tenga ningún león donde alojarme.

Una pulga vigilada: qué cosa más bonita.

Qué cosa más artística.

Sí, hoy mi jaula se ha convertido en un cuadro. Pero no un cuadro para colgar de una pared, sino donde refugiarte del aburrimiento.

¿De qué se disfrazará mañana mi policía?

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